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Crisis del agua en Guadalajara: continúan denuncias por contaminación, malos olores y fallas en la infraestructura

Habitantes de la zona metropolitana exigen conocer qué contiene el agua que llega a sus hogares; especialistas señalan deficiencias en los sistemas de conducción, tratamiento y vigilancia sanitaria.

Guadalajara, Jalisco

22 de octubre de 2026

Redacción

La crisis del agua en Guadalajara, Jalisco, se ha convertido en un problema de salud pública y una fuente de tensión social. Desde hace años, habitantes de distintas colonias reportan que el líquido que sale de sus grifos presenta turbiedad y olores desagradables, una situación que, de acuerdo con testimonios ciudadanos, se agravó durante los últimos dos años.


Las quejas incluyen olores similares a huevo podrido, metal y aguas residuales, además de interrupciones en el suministro sin previo aviso. La inconformidad ha escalado hasta las calles, donde miles de personas han exigido a las autoridades información verificable sobre la calidad del agua y medidas para garantizar su seguridad.


El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, ha reconocido que el principal desafío ya no se limita al abastecimiento, sino a la calidad del recurso. Entre los factores señalados por las autoridades se encuentra el deterioro acumulado de la infraestructura utilizada para transportar y potabilizar el agua proveniente del lago de Chapala, fuente que aporta alrededor del 65% del suministro de la ciudad.


Infraestructura obsoleta y posibles fuentes de contaminación


El Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), encargado de la potabilización y distribución, también ha advertido sobre posibles descargas de aguas residuales durante el recorrido del líquido hacia la zona metropolitana.


Su director, Ismael Jáuregui Castañeda, señaló que las autoridades buscan identificar descargas provenientes de asentamientos, instalaciones privadas o industrias que podrían estar afectando el canal de Las Pintas.


Por su parte, el especialista en hidrología Josué Sánchez Tapetillo explicó que los dos sistemas de conducción del agua desde Chapala presentan limitaciones. Uno de ellos, con aproximadamente 70 años de antigüedad, transporta el líquido a cielo abierto, mientras que el segundo, construido hace alrededor de cuatro décadas, utiliza un acueducto cerrado.


A estas condiciones se suma la capacidad de la planta potabilizadora de Miravalle, cuya modernización, según el especialista, debió atenderse desde hace años.


Para enfrentar el problema, el gobierno estatal ha anunciado proyectos de ampliación de la planta potabilizadora y la construcción de un nuevo acueducto. Este último requeriría la aprobación del Congreso local y podría concluirse en un plazo aproximado de dos años.


Mientras avanzan las intervenciones, se han establecido cortes programados del servicio que afectarían a unos 2.3 millones de habitantes, con suspensiones de dos a tres días por semana.


Análisis ciudadanos detectan posibles riesgos sanitarios


La preocupación aumentó luego de que organizaciones civiles y académicos recolectaran muestras de agua en viviendas de 90 colonias durante junio.


Según el informe presentado por los participantes, los análisis detectaron bacterias indicadoras de contaminación fecal, presencia de metales como plomo y mercurio, además de deficiencias generalizadas en la desinfección.


Héctor Morales Gil de la Torre, académico de la Universidad ITESO y responsable del análisis, sostuvo que estos resultados justifican realizar evaluaciones oficiales más amplias y transparentes.


Sin embargo, los hallazgos corresponden al muestreo ciudadano descrito en la información difundida y no deben interpretarse como una confirmación de que todas las tomas domiciliarias de Guadalajara presentan los mismos contaminantes. Para establecer el alcance del riesgo se requieren análisis oficiales representativos, con resultados públicos y verificables.


En marzo, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Jalisco emitió una recomendación en la que señaló posibles vulneraciones al derecho humano al agua limpia por parte de seis dependencias gubernamentales.


En contraste, la Secretaría de Salud estatal informó en julio que no había identificado un incremento de enfermedades asociadas con la mala calidad del agua, como problemas gastrointestinales o afectaciones cutáneas. También recomendó evitar utilizar agua de la llave para lavarse los dientes y optar por agua purificada.


Protestas y exigencias de información pública


La falta de certeza sobre la calidad del suministro detonó movilizaciones ciudadanas. El 11 de octubre, miles de personas se manifestaron frente a la residencia oficial del gobernador para exigir mejoras en el servicio, información sobre los componentes del agua y medidas de protección sanitaria.


La protesta terminó en enfrentamientos con policías. De acuerdo con la Fiscalía estatal, 39 personas fueron detenidas. Aunque Lemus ordenó su liberación, cuatro quedaron vinculadas a proceso, mientras que 17 elementos policiales fueron sujetos a investigación por su presunta actuación irregular y el posible uso indebido de la fuerza.


Para Aida Guerrero de León, profesora de la Universidad de Guadalajara y especialista en gestión hídrica y toxicología, uno de los principales problemas es la falta de un sistema oficial de monitoreo continuo que permita a la población conocer oportunamente la calidad del agua que recibe.


La exigencia ciudadana apunta así a dos necesidades centrales: renovar la infraestructura hidráulica y establecer mecanismos confiables de vigilancia, con información accesible sobre los resultados de las pruebas.


La crisis de Guadalajara evidencia que garantizar el acceso al agua no consiste únicamente en mantener el suministro. También requiere asegurar su calidad, prevenir la contaminación y ofrecer a la población información suficiente para proteger su salud.

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