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Crisis ambiental en el Golfo de México: comunidades denuncian llegada constante de chapopote

Pueblos indígenas alertan sobre daños ecológicos, riesgos a la salud y fallas en la limpieza tras derrame que ya afecta cientos de kilómetros de litoral.

México

24 de marzo de 2026

Redacción

La emergencia ambiental en el Golfo de México se intensifica. Comunidades indígenas del sur de Veracruz denunciaron que el chapopote continúa llegando diariamente a sus costas y cuerpos de agua, agravando una crisis que ya impacta tanto a los ecosistemas como a la salud y economía local.


Habitantes de los municipios de Pajapan, Tatahuicapan y Mecayapan, en coordinación con organizaciones civiles, advirtieron que la contaminación no se ha detenido y que persisten múltiples irregularidades en las labores de atención al derrame. Señalan que, hasta ahora, no existe información clara sobre el origen del hidrocarburo, al que describen como resultado de un “barco fantasma”.


Uno de los focos más afectados es la Laguna del Ostión, un ecosistema clave por su riqueza en manglares y biodiversidad. De acuerdo con testimonios comunitarios, las acciones de limpieza han sido insuficientes y desorganizadas. Las brigadas carecen de equipo de protección adecuado, los residuos tóxicos recolectados permanecen en la zona sin manejo seguro y, además, hay denuncias por falta de pago a trabajadores.


A estas preocupaciones se suman reportes no confirmados sobre el uso de sustancias químicas para dispersar el chapopote en el mar, lo que podría agravar el daño al fondo marino y a las especies que dependen de él.


El impacto ya es visible en la vida cotidiana. Pescadores, ante la falta de apoyos o indemnizaciones, han continuado con sus actividades pese al riesgo, lo que ha derivado en la comercialización de productos posiblemente contaminados. Comunidades reportan afectaciones a la salud, como problemas gastrointestinales, sin que exista hasta el momento una estrategia clara de información o prevención por parte de las autoridades.


La dimensión del desastre también ha sido documentada por organizaciones ambientales. Se estima que la mancha de hidrocarburos se ha extendido a lo largo de aproximadamente 630 kilómetros, desde Tamiahua, en Veracruz, hasta Paraíso, en Tabasco, afectando decenas de sitios dentro del corredor arrecifal del suroeste del Golfo de México.


Entre las consecuencias más alarmantes está el impacto en la fauna marina. Se han registrado ejemplares muertos de tortugas, delfines, manatíes y aves, en un momento particularmente crítico, previo al inicio de la temporada de anidación de varias especies de tortugas en peligro de extinción.


Las comunidades también han denunciado que los esfuerzos de limpieza se concentran en zonas turísticas, dejando en segundo plano áreas ecológicamente sensibles. Ante esta situación, han interpuesto una denuncia ante la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) y buscan apoyo de especialistas para documentar los daños.


Por su parte, el gobierno federal ha señalado que el derrame proviene de una embarcación privada y no de instalaciones petroleras nacionales. La presidenta Claudia Sheinbaum informó que Petróleos Mexicanos colabora en las labores de limpieza, mientras autoridades ambientales realizan evaluaciones para determinar el alcance del daño. Asimismo, se ha solicitado la intervención de la Fiscalía para deslindar responsabilidades y garantizar la reparación de los daños.


Sin embargo, en territorio, la percepción es distinta: comunidades denuncian abandono, opacidad y una crisis que, lejos de contenerse, sigue expandiéndose con cada nueva llegada de chapopote a sus costas.

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