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El déficit verde, un viejo problema con nuevas soluciones

Con menos de 8 metros cuadrados de áreas verdes por habitante en la Zona Metropolitana del Valle de México —cuando el mínimo internacional recomendado es de 9 m²—, el acceso a espacios públicos de calidad se ha convertido en un privilegio.

México

16 de julio de 2025

Redacción

En Naucalpan, la cifra se reduce aún más, apenas alcanzando los 4 m² por persona, y eso incluyendo barrancas o zonas sin accesibilidad efectiva.


El resultado es evidente: en muchas colonias, no hay un solo parque o jardín cercano donde caminar, jugar o simplemente convivir. Esta escasez limita no sólo el esparcimiento, sino también la calidad de vida, la salud emocional y la cohesión comunitaria.


Prioridades públicas, recursos limitados

La escasez de áreas verdes no responde a desinterés, sino a realidades presupuestales. Los gobiernos locales enfrentan presiones constantes para resolver servicios básicos como agua, pavimentación o seguridad, y aunque reconocen la importancia del espacio público, su mantenimiento y creación suelen quedar relegados.


En este contexto, ha cobrado fuerza un nuevo actor: la inversión privada. Lo que en otros momentos pudo entenderse como una concesión marginal, hoy representa una vía sólida para recuperar metros cuadrados de ciudad abiertos a la ciudadanía.


Nuevos modelos de intervención urbana

La iniciativa privada ha comenzado a ofrecer soluciones funcionales, sostenibles y replicables para la creación de espacios públicos, sin necesidad de ceder su carácter colectivo. Bajo esquemas de coinversión, fideicomisos mixtos o proyectos integrados a desarrollos inmobiliarios, se están financiando áreas verdes que permanecen abiertas al público y que además se sostienen financieramente sin cargar al erario.


Estos modelos incluyen:

  • La cesión parcial de suelo para parques dentro de desarrollos mixtos.


  • La generación de ingresos mediante estacionamientos, locales o patrocinios que financian mantenimiento.


  • La incorporación de programación cultural y deportiva, que convierte los parques en espacios activos, vivos y seguros.


Casos que reconfiguran el espacio urbano

Ejemplos como Parque La Mexicana, en Santa Fe, muestran cómo es posible recuperar grandes predios a través de esquemas públicos y privados que no comprometen el acceso ciudadano. Con 28 hectáreas, este parque recibe más de dos millones de visitantes al año y se mantiene gracias a ingresos autogenerados.


En Naucalpan, Parque Plaza Satélite transformó una azotea en el mayor parque elevado de América Latina: cuatro hectáreas con entrada gratuita, agenda cultural y senderos verdes que se integran al entorno comercial.


Otros casos como Toreo Parque Central o el Parque Lineal Gran Canal en la Ciudad de México, y la reconversión de espacios como Ciudad Jardín Bicentenario en Nezahualcóyotl, demuestran que hay voluntad —y capacidad técnica— para generar espacio público desde la inversión privada, siempre y cuando existan reglas claras y un enfoque social.


Lo verde también construye paz

La evidencia es contundente: donde hay parques y zonas verdes activas, los índices de violencia disminuyen, la comunidad se organiza y la calle se vuelve más segura. Las áreas verdes bien mantenidas generan vigilancia natural, reducen el estrés, mejoran la salud física y fortalecen la identidad barrial. Además, elevan la plusvalía de las propiedades cercanas y dinamizan la economía local.


En ciudades densamente pobladas como Naucalpan, estas condiciones son más que deseables: son necesarias.


Gobernanza y participación: claves para la permanencia

Para que este modelo funcione, no basta con abrir un parque dentro de un desarrollo. Se requiere:


  1. Acceso equitativo, sin cuotas ni restricciones.


  2. Mantenimiento garantizado a través de esquemas transparentes y sostenibles.


  3. Conectividad urbana con transporte público, ciclovías y otros espacios abiertos.


  4. Participación comunitaria desde el diseño hasta la operación cotidiana.


Solo así se evita que estos espacios caigan en la lógica de la exclusividad o se conviertan en enclaves cerrados que, aunque verdes, terminan desconectados del tejido urbano.


Una oportunidad que no se debe desperdiciar

La recuperación del espacio público no puede —ni debe— recaer únicamente en los gobiernos. La inversión privada ha demostrado ser un aliado estratégico en la creación de parques y espacios recreativos que son funcionales, sostenibles y abiertos a toda la ciudadanía.


Con voluntad política, participación social y reglas claras, los metros cuadrados que hoy faltan pueden comenzar a florecer donde menos se esperaba: en azoteas, terrenos olvidados o desarrollos nuevos con visión comunitaria.


La ciudad necesita respirar. Y hoy, más que nunca, el espacio público bien planeado puede ser el respiro que Naucalpan y el Valle de México necesitan.

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