Periférico colapsado: dos días de bloqueos reavivan debate sobre el uso de vialidades como forma de presión
Bloqueos consecutivos en Periférico Norte, a la altura de Naucalpan, exponen el alto costo colectivo de paralizar una arteria clave y reabren la discusión sobre la efectividad de estas acciones frente a sus resultados concretos.

Naucalpan
19 de marzo de 2026
Redacción
En los últimos dos días, el Periférico Norte ha registrado bloqueos consecutivos en distintos tramos a la altura de Naucalpan, generando afectaciones severas en la movilidad de miles de personas que transitan diariamente por esta vía.
De acuerdo con reportes viales y testimonios de usuarios, las interrupciones han provocado filas de varios kilómetros, tiempos de traslado duplicados y una paralización parcial de la circulación en uno de los corredores más importantes de la zona metropolitana del Valle de México.
La afectación no es menor.
El Periférico constituye una de las principales arterias de conexión entre el Estado de México y la Ciudad de México, por lo que cualquier interrupción tiene un efecto inmediato en la dinámica diaria de trabajadores, transporte público y actividad económica en la región.
Durante estos bloqueos, automovilistas han reportado retrasos prolongados, rutas alternas saturadas y dificultades para acceder a zonas clave, lo que ha evidenciado el nivel de dependencia que existe sobre esta vialidad.
Aunque los cierres de vialidades han sido históricamente utilizados como una herramienta para visibilizar demandas sociales, lo ocurrido en los últimos días ha reactivado una discusión que no es nueva: el impacto de estas acciones frente a sus resultados concretos.
En distintos casos recientes, no existe claridad pública sobre si este tipo de movilizaciones derivan en acuerdos, soluciones o compromisos verificables. Para quienes resultan afectados por los bloqueos, la percepción es directa: el impacto es inmediato, pero los resultados no siempre son visibles.
Este escenario ha llevado a que el uso de bloqueos en vialidades primarias deje de percibirse como una medida excepcional y comience a considerarse como una práctica cada vez más recurrente.
A ello se suma otro elemento que ha comenzado a surgir en la conversación pública: la posibilidad de que algunas movilizaciones puedan ser influenciadas o utilizadas con fines distintos a los estrictamente ciudadanos, incluyendo intereses de carácter político o personal.
En ese contexto, el cierre de una vialidad como el Periférico adquiere una dimensión distinta.
No se trata únicamente de una forma de protesta, sino de una acción que impacta directamente en la operación cotidiana de la ciudad, al interrumpir uno de sus principales ejes de movilidad.
Especialistas en movilidad y análisis urbano han señalado en diversas ocasiones que este tipo de bloqueos, si bien pueden generar visibilidad inmediata, también implican costos colectivos elevados, particularmente cuando se presentan de forma reiterada.
Las demandas ciudadanas que motivan estas movilizaciones son, en muchos casos, legítimas. Sin embargo, el debate actual se centra en la efectividad de las herramientas utilizadas y en la necesidad de mecanismos que permitan dar seguimiento público a sus resultados.
Porque cuando el impacto de una protesta es evidente, pero sus efectos no lo son, la discusión deja de centrarse únicamente en la causa… y se traslada a la forma.
Los bloqueos registrados en Periférico durante estos días no solo han afectado la movilidad. También han reabierto una pregunta de fondo:
¿hasta qué punto es sostenible paralizar una de las principales vialidades de la ciudad sin certeza sobre los resultados que se obtienen?

