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CDMX se pinta de morado: más de 120 mil mujeres marchan en el 8M para exigir justicia y frenar la violencia

Entre consignas, testimonios y expresiones de solidaridad, miles de mujeres recorrieron el centro de la capital para denunciar la violencia de género y exigir avances hacia la igualdad sustantiva.

Ciudad de México

9 de marzo de 2026

Redacción

Miles de mujeres tomaron las principales avenidas del centro de la Ciudad de México en el marco del Día Internacional de la Mujer, en una movilización que reunió a alrededor de 120 mil participantes. Vestidas con prendas moradas y acompañadas de pancartas, banderas y humo de colores, las manifestantes convirtieron las calles en un amplio espacio de protesta y reivindicación.


La marcha partió desde la Glorieta de las Mujeres que Luchan con destino al Zócalo capitalino, donde se realizó un mitin. A lo largo del trayecto, miles de mujeres de distintas generaciones —jóvenes, adultas mayores, niñas e incluso bebés en carriolas— caminaron durante varias horas para exigir justicia y el fin de las violencias machistas.


El tono de la movilización combinó una atmósfera festiva y solidaria con un mensaje firme: la exigencia de frenar los asesinatos, desapariciones, agresiones sexuales y otras formas de violencia que siguen afectando a mujeres en todo el país. Entre batucadas y consignas, los contingentes recordaron que la lucha continúa porque “nos siguen matando”.


Durante el recorrido se escucharon consignas dirigidas a la sociedad y a las autoridades, así como demandas relacionadas con desapariciones, acceso a la justicia y protección para niñas y adolescentes. Las avenidas del centro histórico se llenaron de carteles con mensajes contra el patriarcado y frases que reflejaban hartazgo ante las desigualdades persistentes.


En el mitin realizado en la plaza central, participantes subrayaron que el movimiento de mujeres debe mantenerse independiente de intereses partidistas o gubernamentales. También reiteraron que aún existen profundas brechas de desigualdad y condiciones de precariedad que afectan a millones de mujeres en México.


Uno de los momentos más simbólicos de la jornada ocurrió cuando, sobre las aceras de avenidas como Juárez y 5 de Mayo, se colocaron mantas para que las asistentes estamparan la palma de su mano con pintura morada o roja. Cada huella representó una denuncia simbólica de las violencias que muchas han enfrentado a lo largo de sus vidas.


La movilización también dio espacio a testimonios que conmovieron a las asistentes. Niñas y adolescentes compartieron historias de violencia sexual ocurrida en lugares que deberían haber sido seguros, como escuelas o instalaciones deportivas, generando muestras de apoyo y solidaridad entre las participantes.


A diferencia de otras marchas del 8 de marzo, la presencia policial fue discreta y varios comercios del centro de la ciudad mantuvieron abiertas sus puertas durante el paso de los contingentes.


Tras la conclusión del mitin, algunos pequeños grupos intentaron retirar las vallas instaladas frente a la Catedral Metropolitana, aunque el incidente no prosperó ni marcó el tono general de la jornada. Más tarde, cuando la plancha del Zócalo quedó prácticamente vacía, algunos grupos realizaron fogatas con pancartas.


La movilización dejó claro que el movimiento feminista en México continúa articulándose en las calles para exigir justicia, visibilizar las violencias y reclamar condiciones de igualdad para las mujeres.

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