EE.UU e Israel lanzan ofensiva contra Irán y reportan la muerte del ayatolá Jamenei
La escalada militar abre un escenario de alta tensión en Medio Oriente y desata debate político en Washington.

Irán
2 de marzo de 2026
Redacción
Una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán ha marcado un punto de inflexión en la crisis regional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que el líder supremo iraní, Alí Jamenei, murió durante los ataques. Hasta el momento, Teherán no ha confirmado oficialmente esa información.
El anuncio fue realizado por Trump a través de su red social, donde calificó al ayatolá como una figura responsable de décadas de confrontación y sostuvo que la operación fue resultado de un trabajo coordinado con Israel y de capacidades avanzadas de inteligencia. La declaración no incluyó pruebas públicas que respalden la afirmación.
¿Por qué comenzó la ofensiva?
La operación militar se produjo tras semanas de advertencias de Washington a Teherán en torno a su programa nuclear. Días antes del ataque, funcionarios estadounidenses e iraníes sostuvieron conversaciones indirectas que concluyeron sin acuerdos.
Trump presentó la acción como una medida decisiva frente a lo que describió como amenazas persistentes por parte del gobierno iraní. Es la segunda ocasión en menos de un año que fuerzas estadounidenses realizan bombardeos en territorio iraní; en junio pasado fueron atacadas instalaciones vinculadas al desarrollo nuclear.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, señaló que la ofensiva busca modificar el equilibrio estratégico frente a un país que Israel considera una amenaza directa. Autoridades israelíes anticiparon que las operaciones podrían prolongarse varios días.
Objetivos militares y daños reportados
Medios iraníes informaron explosiones en diversas ciudades, incluidas Teherán, Qom, Kermanshah, Isfahán y Karaj. Imágenes difundidas mostraron columnas de humo en zonas donde se ubican instalaciones gubernamentales clave.
De acuerdo con fuentes israelíes, entre los blancos iniciales estuvieron reuniones de altos mandos de seguridad y estructuras militares estratégicas. También se reportaron ataques contra sistemas de defensa aérea y plataformas de lanzamiento de misiles.
Funcionarios estadounidenses señalaron que participaron aeronaves desplegadas desde bases en Medio Oriente y desde portaaviones en la región. La primera fase se habría concentrado en objetivos militares específicos.
La respuesta iraní
En represalia, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica lanzó misiles y drones contra Israel y contra bases estadounidenses en la región. Entre las instalaciones mencionadas se encuentra la base aérea de Al Udeid Air Base, así como posiciones en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Baréin.
El Comando Central de Estados Unidos informó que logró interceptar múltiples ataques y que los daños fueron limitados, sin afectar la operatividad de sus instalaciones.
En Emiratos Árabes Unidos, restos de proyectiles interceptados impactaron una zona residencial en Abu Dabi, causando al menos una víctima mortal, según autoridades locales.
Debate interno en Estados Unidos
La decisión del presidente Trump ha reactivado el debate sobre los poderes de guerra en Estados Unidos. Legisladores demócratas y algunos republicanos sostienen que el Congreso debe votar cualquier involucramiento formal en un conflicto de esta magnitud, invocando la Resolución sobre los Poderes de Guerra.
El episodio reabre la discusión sobre los límites constitucionales del Ejecutivo en materia militar, especialmente cuando no existe una declaración formal de guerra.
Impacto global: petróleo y mercados
El conflicto también amenaza el suministro energético mundial. Compañías navieras han reducido el tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que circula cerca del 20% del petróleo global.
Una interrupción prolongada podría elevar los precios internacionales del crudo y, en consecuencia, impactar los costos de combustibles en diversas economías.
La situación permanece en desarrollo. La eventual confirmación —o desmentido— de la muerte del ayatolá Jamenei podría redefinir el equilibrio político interno en Irán y modificar el mapa de alianzas y tensiones en Medio Oriente.

