• Sol Olvera

'AMLO le da más valor a algo que no tiene vida, que no tiene sentimientos'



Érika Martínez, quien sigue en las oficinas de la CNDH, asegura que ningún funcionario se ha acercado para conocer su caso.


“Así como se indignó por el cuadro (intervenido de Francisco I. Madero), así se hubiera indignado por mi hija. Así como se indignó porque violentaron a su hijo, porque para ellos hubo justicia, así se hubiera buscado justicia para mi hija”, con esa rabia se expresa Érika sobre las críticas del presidente, Andrés Manuel López Obrador, hacia el colectivo de mujeres que tienen tomada la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en la Ciudad de México.

Desde el pasado jueves, grupos feministas convirtieron el inmueble ubicado en República de Cuba 60, en el Centro Histórico de la capital mexicana, en un refugio para víctimas de violencia machista, donde se les brindan despensas y asesorías psicológicas y legales para enfrentar el proceso en la justicia mexicana.

Érika Martínez, una de las mujeres que realizó la toma de las oficinas de Rosario Piedra Ibarra, titular de la CNDH, aseguró que, a cinco días de los hechos, ningún representante de la comisión o el gobierno federal se ha acercado para conocer su caso, su pedido de justicia, por ello se encuentra en el viejo edificio: para buscar justicia y hacer suyas las exigencias de otras.

Rabia y temor a perder la vida

Ella cuenta que su hija de siete años fue víctima de violencia sexual el 2 noviembre de 2017, por un hombre de 43 años. Asegura que su caso, a casi tres años, se lo “atoran más”, porque para vincularlo a proceso tuvieron que pasar dos años, ahora en el juicio oral, el juez no admitió las pruebas a sus abogados.

“Las autoridades judiciales no me han apoyado, cada vez me ponen más trabas”, dice Érika, quien refiere que teme por su vida. “Esta persona sigue libre, porque el juez dice que no puede violentar sus derechos”.

Así como Érika, decenas de casos se exponen ante los medios que se encuentran cubriendo la toma de las oficinas de la CNDH. Allí, otras han encontrado apoyo y solidaridad de grupos feministas que han llevado, cobijas, ropa, agua, despensas, pero no para ellas, sino para compartir con mujeres que necesitan apoyo, ya sea por su situación económica o por los estragos de la crisis económica desatada por la pandemia del covid-19.

Prueba de ese respaldo fue el realizado por Beatriz Gasca, representante de la Red Nacional Feminista, quien llegó hasta el lugar con varios utensilios y víveres para complementar su apoyo y ayudar al movimiento a resistir, para alcanzar una justicia por todos los feminicidios en el país.

Aumentan feminicidios en 2020

De acuerdo al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de enero a junio de 2020, se registraron 489 feminicidios en el país, lo que representa un aumento de 9.2%, comparado a los feminicidios registrados en los primeros seis meses de 2019.

La cifra de feminicidios en lo que va del 2020 también es más elevada que la que se registró de enero a junio de 2018, cuando se registraron 432, lo que significa un aumento de 13.2% en 2020 comparado con 2018.

La protesta que desató la protesta

El pasado miércoles, Silvia Castillo y una compañera de San Luis Potosí, Marcela Alemán, llegaron a la oficina de la CNDH para pedir apoyo en los casos de sus hijos –al hijo de Castillo lo asesinaron en 2013, y a la hija de Alemán la violaron cuando tenía cuatro años-, pero las reuniones resultaron infructuosas, lo que molestó a las dos mujeres. Ellas decidieron encadenarse en la sala de juntas como protesta. Alemán llegó a amarrarse a una silla para que le hicieran caso.

Un día después, una funcionaria de la comisión se trasladó con Alemán y su esposo de vuelta a San Luis Potosí, con la promesa de ayudarles en la investigación del caso de su hija. El viernes, Castillo salió de la CNDH, con la promesa de ayuda inminente.

Sin embargo, los colectivos que las apoyaron se mantuvieron en el edificio con la promesa de volverla una casa de refugio para todas aquellas que lo requieran, a pesar de los comunicados de la CNDH dicen estar abiertos a “dialogar” y a “encontrar un acuerdo satisfactorio para ambas partes”, para recuperar sus instalaciones.

Érika Martínez acepta que la acción realizada a la sede de la CNDH apenas es un paso para apoyar a esas mujeres que no han obtenido justicia, “porque las personas que estaban aquí no trabajaban”.

“Queremos que nos dejen estas instalaciones para trabajar con la ciudadanía. Nosotras no somos expertas, pero gracias al camino recorrido podremos orientas a la gente. Tenemos un grupo de abogadas voluntarias que trabajan en conjunto. Tenemos psicólogas y otras personas que pueden orientar a personas que se acercan a nosotras”, dice.

A Érika todavía le sorprende que el presidente les llamara conservadoras, pero le causa de sobremanera indignación que López Obrador no pueda sentir empatía con los menores de edad, los niños que han sido violentados.

“Voy a decir una grosería: eso es una mentada de madre para mí”.

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