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Entre Naucalpan y Atizapán podría nacer un eje económico sustentable de la ciudad



El futuro de las megaciudades consiste en lograr construir ejes autosustentables en términos, económicos, medioambientales, políticos y sociales. Esta idea no es nueva ni revolucionara, desde la explosión económica y demográfica que vivió nuestro país durante el milagro mexicano, grandes urbanistas de como Mario Pani y José Luis Cuevas visualizaron ciudades contenidas y autosuficientes como Ciudad Satélite.


Sin embargo, estás ideas revolucionarias aún contemplaban a la Ciudad de México como el principal eje económico y los proyectos urbanos contenidos aledaños como ciudades satélites, en este pensamiento se encontró un error de urbanismo garrafal. La idea era que estas ciudades contenidas se conectaran por medio de “vías rápidas” a la Ciudad de México, un plan que fue muy eficiente por una o dos décadas, pero no se tenía contemplado el crecimiento de densidad poblacional que ha hecho de “vías rápidas” como el Anillo Periférico imanes de embotellamiento.


Hoy estamos ante una única oportunidad de replantearnos esta idea y hacer de desarrollos urbanos, inicialmente planteados como meramente residenciales, ejes económicos para las industrias del futuro.


La zona habitacional que compone los fraccionamientos de Satélite, Fuentes de Satélite, Lomas Verdes, Zona Esmeralda y Bellavista tiene algunos de las mejores escuelas de educación media del estado de México y de la ciudad, mientras que su relativa cercanía con las mejores universidades del país hace de esta zona una ideal para el desarrollo económico de vanguardia.


El nuevo centro de innovación de Ford que se construirá en Naucalpan, entre Lomas Verdes y Zona Esmeralda, donde se trabajará en las tecnologías de movilidad del futuro y que generará 5000 empleos, es un gran ejemplo del tipo de inversiones que pueden generar empleos de alta calidad para segmento poblacional altamente educado.


En este sentido, es crucial que esta zona continúe recibiendo inversiones de este tipo para construir una microeconomía del conocimiento y la innovación que genere buenos empleos bien pagados que permita absorber el capital humano local lo disminuiría la dependencia económica de la Ciudad de México, haciendo un ecosistema social más sustentable a la larga. De lo contrario la crisis de movilidad a la que nos enfrentamos solo empeorara.


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