• Sol Olvera

Estas acciones promueven más y mejores trabajos para ellas



Las mujeres necesitan laborar donde les aseguren beneficios de protección social.


El fuerte crecimiento de la participación laboral femenina (PLF) en América Latina es uno de los cambios socioeconómicos más importantes acontecidos en la región en el último medio siglo.

Mientras que en los años 60 sólo un 20% de las mujeres adultas trabajaban o buscaban trabajo activamente, hoy la cifra alcanza un 65%. Este avance ha sido enorme y debemos celebrarlo.

Sin embargo, todavía persisten fuertes desigualdades de género en los mercados de trabajo de nuestra región, donde la brecha de participación entre hombres y mujeres es de casi 30 puntos porcentuales, mucho más de lo que se observa en países con mayor grado de desarrollo.

Adicionalmente, cuando analizamos la realidad de las mujeres latinoamericanas el panorama dista mucho de ser homogéneo ya que hay grandes diferencias en la participación laboral de las mujeres entre países y entre grupos y poblaciones dentro de cada país.

Las mujeres necesitan trabajos que les garanticen un salario suficiente para superar la pobreza, que les proporcionen autosuficiencia y seguridad económica y que les aseguren beneficios de protección social como seguro de desempleo y pensiones dignas en la vejez.

Seis acciones para impulsar el cambio

Con base en evidencia internacional, compartimos algunas medidas capaces de fomentar el empleo femenino de calidad:

  1. Expandir la oferta de servicios de cuidado: centros de cuidado infantil y educación preescolar públicos y de calidad, escuelas con horario extendido y servicios de cuidado para adultos mayores.

  2. Ampliar y balancear las licencias por maternidad, paternidad y cuidados, con partes intransferibles para evitar profundizar en los roles de género tradicionales.

  3. Extender la educación a los grupos desfavorecidos de la población, incluidas las mujeres.

  4. Promocionar la corresponsabilidad en el hogar para vencer los estereotipos de género.

  5. Fomentar la flexibilidad laboral para compatibilizar el cuidado de niños y adultos mayores con el desarrollo de una carrera profesional teniendo una vez más cuidado para no reforzar los roles de género tradicionales.

  6. Garantizar información y medios para la planificación familiar, ofreciendo acceso universal a educación sexual y a métodos anticonceptivos.

La igualdad de género en el mercado de trabajo debe ser uno de los objetivos de política prioritarios para la región, ya que es uno de los factores de cambio más importantes para el desarrollo de los países. Porque no hablamos sólo de una cuestión de justicia, si no de crecimiento económico, productividad y bienestar para toda la sociedad.


Por Monserrat Bustelo – Mariana Marchionni / BID

Foto: Cuartoscuro

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