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Inseguridad, una constante en Naucalpan. El plan de desarrollo urbano debe contemplar la prevención


De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) los municipios de Toluca, Ecatepec, Nezahualcóyotl, Naucalpan y Atizapán de Zaragoza encabezan la lista de inseguridad.


No obstante, en Naucalpan se ha vuelto común escuchar sobre asaltos a mano armada y actos de corrupción. Ante esta situación la ciudadanía ha empezado a integrar grupos de Resistencia Civil, otra alternativa puede ser la colaboración entre ciudadanos y privados en acciones de prevención situacional del delito.

Entre los delitos denunciados con más frecuencia están los robos, violencia familiar, agresiones sexuales, fraudes y extorsiones. El último reporte emitido por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) informó que en el Estado de México se iniciaron 356 mil 424 carpetas de investigación en el total de delitos tipificados entre enero y noviembre de 2021.

Por ello una solución ante la inseguridad es empujar acciones en materia de prevención situacional y social del delito. Durante los años ochenta, la prevención situacional tuvo un fuerte desarrollo en Inglaterra, y en otros países anglosajones.

Este modelo de prevención considera dos variables fundamentales en el accionar delictivo: el tiempo y el espacio. Ambas factores son elementos propiciatorios u obstructivos para la comisión de delitos.


Adicionalmente, hay evidencia de que intervenciones con participación social de padres, escuelas, maestros así como el desarrollo de habilidades socio-cognitivas ofrecen un abrigo de protección a grupos vulnerables.

La construcción de infraestructura para el desarrollo integral de las y los ciudadanos es clave en la prevención del delito, ya que contribuye a la creación de un entorno saludable. En este tenor la participación ciudadana puede compaginarse con esfuerzos de otros sectores como la iniciativa privada.


Los espacios públicos son ante todo aquellos lugares sociales-territoriales ubicados al margen de la esfera privada y en donde interactúan las y los ciudadanos, permitiendo la integración de la ciudad y la construcción del tejido social urbano.


La noción es sencilla: en conjunto se pueden recuperar espacios públicos e incorporar elementos que permitan su adecuado funcionamiento. Si un parque ofrece bancos para sentarse, zonas arboladas donde pasear, canchas para hacer deporte y columpios para que jueguen los niños, ese pulmón atraerá a la gente que, sin pretenderlo, ejercerá una vigilancia instintiva del entorno al recriminar cualquier comportamiento incívico.


La percepción que también funciona en sentido contrario; es decir, si la maleza se no permite ver los paseos, la frondosidad de los árboles oculta algunos rincones donde se podría agazapar algún agresor y el mobiliario urbano sufre el vandalismo sin que las autoridades repongan los bancos, farolas y juegos rotos, los visitantes del parque dejarán de visitarlo porque se sentirán inseguros, lo que a su vez degenerará en marginalidad y ésta incrementará las tasas de criminalidad.






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